Colombia volvió a un Mundial después de 16 años de ausencia. Desde Francia 1998 la Selección Colombia no disputaba una Copa del Mundo, y por eso Brasil 2014 fue mucho más que un torneo internacional. Fue el reencuentro con una generación que necesitaba volver a creer, con un equipo que jugaba bien y con un país que se reconocía en esa camiseta.
El equipo de José Pékerman no solo clasificó al Mundial 2014, sino que lo hizo mostrando identidad. James Rodríguez estaba en su mejor momento, el grupo tenía carácter y la ilusión crecía partido tras partido. Colombia no llegó a Brasil como invitado, llegó como protagonista. Y entonces apareció Brasil en cuartos de final.
El partido se jugó en Fortaleza, con todo el peso del anfitrión encima. Brasil ganaba 2-0 con goles de Thiago Silva y David Luiz, y el marcador parecía inclinar la balanza. Sin embargo, Colombia no se rendía. Seguía buscando espacios, intentando sostener la intensidad y esperando una jugada que cambiara el rumbo.
¿Fue fuera de lugar?
Esa jugada llegó en el minuto 66. Tiro libre para Colombia. James toma el balón y lo envía al área con precisión. La pelota rebota, queda suelta, el área se convierte en un caos momentáneo y, en medio de esa confusión, aparece Mario Alberto Yepes. El capitán define y la red se mueve.
Gol. El estadio explota. Los jugadores celebran. En Colombia, millones saltan del sofá y las sillas. El descuento parecía el punto de partida para una remontada histórica en el Mundial 2014. Con el 2-1 parcial, quedaban más de veinte minutos por jugar y el partido se transformaba. Pero el árbitro Carlos Velasco Carballo interrumpe la celebración.
Fuera de lugar. En la acción previa, Carlos Bacca estaba en posición adelantada e intervino en la jugada. La decisión fue reglamentaria, pero el impacto fue devastador. El gol de Yepes quedó anulado. No subió al marcador. No entró en la estadística oficial del Mundial.
Ese es el fuera de lugar más doloroso que recuerda el hincha colombiano. El que todavía lo persigue y lo atormenta. No porque garantizara la clasificación a semifinales, sino porque cambiaba el contexto del partido. Con el descuento validado, Brasil habría sentido la presión de un equipo que venía creciendo en el torneo. Colombia habría tenido tiempo y confianza para insistir.
Minutos después, James descontó de penalti y el partido terminó 2-1. Sin embargo, el gol anulado de Yepes quedó como ese instante suspendido en la memoria colectiva. Ese segundo en el que el país entero sintió que la historia podía escribirse diferente.
La jugada no fue una injusticia escandalosa. Fue una decisión ajustada al reglamento, una interpretación técnica dentro de lo que dicta la norma. Pero el fútbol no se explica solo con reglas, se explica con emociones, con lo que se siente cuando el balón cruza la línea y el alma se desborda.
Ese fuera de lugar no cambió el reglamento. Pero si marcó a una generación. Y por eso, más de una década después, duele.
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