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Los minutos que más apuestas rompen en el fútbol colombiano

Fútbol colombiano

Si apuestas en el fútbol colombiano con frecuencia, hay algo que seguro ya te pasó más de una vez: todo va saliendo bien, el partido parece controlado, el marcador juega a tu favor y la lectura fue correcta, hasta que un minuto lo cambia todo. 

Esto no es mala suerte ni persecución divina. Es una constante del juego. Entre el 2023-1 y el 2025-2, la Liga colombiana dejó claro que hay momentos específicos donde los partidos se rompen y, con ellos, muchas apuestas bien pensadas se caen. Son minutos traicioneros, de esos que no avisan, pero que el fútbol colombiano repite sin pedir permiso.

El tramo más engañoso del partido

Entre el minuto 61 y el 75 el fútbol colombiano entra en una zona gris. Este es, probablemente, el tramo más engañoso. El partido ya “parece” decidido, los técnicos ya movieron el banco y el marcador da la sensación de estar diciendo la verdad. Pero justo ahí empieza el desorden. Para ponerle números, en el apertura 2025 se marcaron 67 goles entre el 61’ y el 75’, y otros 63 entre el 76’ y el 90’: o sea, una porción enorme del torneo se cocinó en ese pedazo final donde nadie juega cómodo.

Ahí es donde se rompen las apuestas “bonitas”. El que va perdiendo se lanza con más ganas que orden, y el que va ganando se llena de dudas: se repliega un paso, regala la pelota, parte el mediocampo y empieza a defender centros, rebotes y segundas jugadas.

Este es el escenario típico de varios equipos de la liga colombiana, que aguantan una ventaja corta, mientras el rival empuja a la brava. Una falta mal hecha, un tiro libre lateral, un rebote sucio en el área y se cae el “gana y no recibe gol”, el under que iba perfecto y hasta ese partido que parecía controlado. En Colombia, ese tramo no es táctica: es nervio. Y el nervio casi siempre juega en contra.

El tiempo del caos

Del minuto 81 en adelante ya no se juega, se sobrevive. El fútbol colombiano se vuelve emocional, desordenado y tenso. Si hay un tramo que rompe apuestas sin pedir permiso, es este. Ya no se juega bonito, se juega con angustia. Las piernas pesan, las marcas llegan tarde y los técnicos mandan todo al área. En ese tramo, la Liga colombiana es especialista en goles que nadie vio venir.

Un córner sin peligro, una mala salida del arquero, un despeje corto y listo. Gol. Es el clásico partido cerrado, 0-0 o 1-0 corto, donde todo apunta a que nada va a pasar. Pero pasa. Y casi siempre pasa mal para el que apostó confiado. Este tramo castiga porque, normalmente, el fútbol colombiano no sabe cerrar partidos. Y cuando no se sabe cerrar, cualquier pelota viva en el área es una amenaza.

Leer los minutos también es apostar mejor

La clave no es dejar de apostar, sino entender dónde estás parado. El fútbol colombiano no es lineal, no es lógico y no premia al que juega mejor, sino al que se equivoca menos. Si tu apuesta va bien al 60’, hay que estar atento. Si llegas al 80’ tranquilo, no te relajes. Acá, en Colombia, los partidos no terminan cuando parecen terminados. Terminan cuando el reloj ya no deja respirar. Y muchas veces, justo ahí, es cuando se rompen más apuestas.

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